Museo Juan Manuel Fangio

JUAN MANUEL  FANGIO

En la fría mañana del 24 de junio, caminaba por las calles de Balcarce, un italiano llamado Loreto, que había arribado unos años antes por estas pampas y había formado familia con Herminia, una joven señorita del pueblo. Su destino era el registro civil. Al ingresar, fue recibido por el administrativo de turno, quien atendió el requerimiento del parroquiano. “Vengo a anotar a mi cuarto hijo que nació anoche, Juan Manuel”, le dijo el hombre de rasgos laboriosos y manos curtidas por la cal, ya que su profesión era la de albañil y frentista. Por tal motivo el empleado del registro anotó en el cuaderno de nacimientos que el día 23 había arribado al mundo Juan Manuel Fangio.

Lo cierto es que efectivamente Fangio nació el 24 de junio, pero a las 00:20 de la madrugada, por lo que la confusión surgió cuando su padre al anotarlo, mencionó en el registro que “había nacido anoche” y por tal circunstancia lo anotaron el 23.

Muchas veces por esta primer anécdota, en el mismo día de su nacimiento, se dijo que Fangio ya era un adelantado, que había nacido un día antes.

Orígenes

Fue formado en la escuela de la escasez, donde no sobraba el lujo, pero tampoco faltaba lo más importante. Sus padres eran los típicos hombres de pueblo, trabajadores incansables donde el principal objetivo era la formación y educación de sus hijos.

El joven Juan Manuel recibió valores  que lo guiaron durante toda su vida: honestidad, humildad, sencillez, respeto y dignidad.

Siempre él trato de explicar, fundamentalmente a los jóvenes, como una persona humilde y con solo sexto grado, había llegado a donde llegó. Y justamente todos esos valores que mencionábamos anteriormente, habían sido algunos de los causales de ese ascenso.

El trabajó desde muy chico en un taller, esa pasión por los autos y la ayuda incondicional de sus amigos,  fueron los inspiradores para que este muchacho empezara a hacerse su camino, su destino. Fue tenaz en la lucha, perseverante, audaz, y contaba con un don innato que quizás venia en la sangre de esa familia Italiana: la inteligencia suprema.

De aquel Juan Manuel que a los 16 años se enfermó de pleuresía y estuvo casi un año en cama, hasta el Quíntuple Campeón Mundial de Automovilismo que cada 15 días retornaba a su pueblo, cosa que hizo hasta meses antes de su muerte, los orígenes siempre estuvieron presentes en él. Nunca se olvidó de sus raíces, su familia, sus amigos, su gente. Siempre su espíritu estuvo en aquel chico que observaba con admiración los pocos autos que pasaban por “la calle de las volantas” (la calle 13, donde aún hoy esta la casa donde nació).

Visión

Fangio siempre tuvo una visión general de las circunstancias. Tenia en cuenta el pasado, presente y futuro y siempre iba un poco más allá.

En la época de sus inicios, el Turismo Carretera estaba dominado por algunos nombres ilustres en la categoría, como Oscar Gálvez. Este era piloto de Ford y sus laureles deportivos ya lo habían transformado en un icono del automovilismo.

Fangio, inteligentemente, utilizó su gran visión para perfilarse en este contexto. Cuando reunió las posibilidades de ingresar a la máxima categoría del deporte motor en nuestro país, puso en juego su gran sentido común. Buscó diferenciarse de Gálvez de alguna manera y cobrar notoriedad. Por tal motivo optó por correr con Chevrolet y pensó: “Si gano con Chevrolet, mi triunfo va a tener más valor y la gente empezará a hablar de mi”. Lógicamente esto sucedió y a partir de ese momento comenzó a obtener espacios en los medios y su nombre se conoció en todo el territorio.

Es que estaba en las antípodas de Gálvez: era el hombre de la provincia, contra el porteño; era el de Chevrolet, contra el exitoso Ford; era el hombre sencillo, pausado, campechano, contra el de la gran ciudad y otros modales.

Esto es un fiel ejemplo de la visión que siempre tuvo Juan Manuel Fangio para encarar los interminables hechos y circunstancias que marcaron su vida.

Sensibilidad con los autos

Algunas veces pienso como un hombre puede llegar a mencionar que un automóvil es un elemento con vida. Como se puede llegar a lograr tan sensibilidad con la maquina para aseverar tal conclusión.

Fangio siempre manifestó que el auto tenía vida, que hablaba con el auto, que lo besaba después de alguna competencia o alguna hazaña en la pista.

Y analizando los hechos y esa entrañable sociedad del gran piloto con los autos, esto no parece para nada descabellado. Es tan simple como aquel futbolista con esa fina sensibilidad a la pelota; o ese cirujano con esa exquisita sensibilidad con el bisturí; o el otro escritor con esa sutil sensibilidad con la pluma.

“Me sentaba en el auto y aceleraba y el auto salía andando. Frenaba y el auto se detenía. Deslizaba el volante a la izquierda y el auto doblaba, los hacia hacía la derecha e iba para el otro lado”, decía Fangio cuando hablaba de su entrañable comunión con la maquina.

El “Demonio de las pistas”

Así se llamo una película Argentina estrenada en 1950 y dirigida por  Román Viñoly Barreto. El film no tuvo el éxito esperado en la taquilla, pero el título creo que es la mejor definición del paso de Fangio por los circuitos.

Era verdaderamente un “demonio” arriba del auto. Si bien su manejo nunca fue por sobre los limites o él decía sencillamente “nunca fui un corredor espectacular”, era un temido por sus rivales. Pero no por una conducta antideportiva o un manejo sucio, sino porque era un piloto cerebral y calculador que siempre encontraba en los circuitos el sitio exacto para ganar el tiempo que todos los mortales perdían en ese mismo lugar.

Eso y el aprovechamiento al máximo del elemento mecánico que tenía sus manos, lo posicionaba a Fangio en un lugar superior.  Cuando no largaba en punta, con el correr de las vueltas y cuando por ahí nadie lo esperaba, el balcarceño estaba “soldado” al primero y en alguna maniobra memorable ganaba la carrera. Cuando largaba en la pole, otra de sus especialidades, sacaba diferencias que literalmente hacia temblar todos los cronómetros

 El “demonio” era argentino, y en las pistas era temible.

Versatilidad

En 1950 Juan Manuel Fangio firma un contrato con la escudería Italiana Alfa Romeo, para comenzar a correr en F1 (categoría que ese año se instituyó como tal).  Esa temporada fue sub-campeón del mundo y un año después obtiene la primera corona.

Todo hacia suponer que esos logros y la performance sobre las “alfetas” llevarían a nuestro piloto a seguir en la escudería del trébol. Sin embargo, las propuestas estaban a la orden del día y el experimentado argentino era requerido por los principales equipos.

Tal es así, que en 1954 firma contrato con la Mercedes Benz.  Las “Flecha de Plata” y el volante de 43 años de edad, forman a partir de ese momento una de las combinaciones más perfectas de toda la historia del automovilismo deportivo. Ambos eran imbatibles. La maquina alemana y el hombre argentino ganaron los torneos de 1954 y 1955.

La legendaria escudería Ferrari no podía privarse de contar en sus filas con el mayor conductor del mundo. Es por eso que en 1956 el controvertido Enzo Ferrari convence a Fangio para correr un de los bólidos rojos. Como no podía ser de otra manera, sobre la Lancia Ferrari gana ese torneo mundial.

La gloria en ese momento cargaba una mochila de cuatro campeonatos mundiales y dos sub-campeonatos, había tiempo para más? Ya tenía 46 años y los objetivos estaban todos logrados.

 En 1957 Fangio vuelve a uno de los primeros amores de la Fórmula Uno, la Maserati. Con la marca del tridente gana ese mundial y se transforma en el “Quíntuple” Como plus y valor agregado, logra la mayor hazaña de la historia de la Fórmula Uno cuando gana el Gran Premio de Alemania en Nurburgring, batiendo ese día 10 veces consecutivas el récord de vuelta.

Cinco campeonatos mundiales con cuatro marcas diferentes de autos. Pocos pilotos fueron tan versátiles en la conducción de autos de carrera.

Legado

Durante toda la campaña deportiva, Fangio, nunca regaló un trofeo, premio, auto. “Todo junto, en un mismo lugar, va a tener un valor”, decía y pensaba en el tiempo que iba obteniendo todas estas cosas.

Siempre tuvo la idea de hacer un Museo y que éste sirva de ejemplo para todos los jóvenes, principalmente, que de un pueblo muy pequeño, una persona de escasos recursos y con sexto grado, podía lograr cosas importantes y trascender mundialmente.

Con su tenacidad y la compañía de un grupo de jóvenes de Balcarce,  Fangio concretó su legado al automovilismo, a su pueblo, a su gente, a los jóvenes. El 22 de noviembre de 1986 se inauguró en su ciudad natal (aunque había sido tentado de concretarlo en Buenos Aires o Mar del Plata) el Museo del Automovilismo Juan Manuel Fangio.

En una de las principales esquinas de la ciudad, frente a la Plaza Libertad, en el solar de la antigua sede municipal (1906-1956), se levanta hoy el Museo del Automovilismo "Juan Manuel Fangio", a pocas cuadras de la casa donde el múltiple Campeón naciera el 24 de junio de 1911.

Hoy es una de las exposiciones más completas del mundo en automóviles y uno de los museos más importantes de Sudamérica.

Se exponen todos los autos de Fangio, maquinas pertenecientes a la historia del automovilismo deportivo de país y del mundo y coches de colección. Trofeos, premios, condecoraciones, fotos e infinidad de elementos,  componen una muestra interactiva y didáctica, un autentico viaje al pasado.